Hace unos años era habitual pensar que, al llegar a los 45, el margen de mejora empezaba a reducirse. Muchos corredores asumían que las mejores marcas ya habían quedado atrás y que solo quedaba intentar mantener el nivel.
Sin embargo, basta con observar cualquier carrera popular para comprobar que la realidad está cambiando.
Cada vez hay más corredores de 45 años que baten sus propios récords, preparan su primer maratón o consiguen correr más rápido que cuando tenían 35.
No es una casualidad.
Hoy disponen de más información, entrenan de forma más inteligente y, sobre todo, han aprendido que progresar no consiste en correr más, sino en recuperarse mejor.
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A los 45 años todavía hay mucho margen de mejora
La edad no determina por sí sola el rendimiento.
Mucho depende del historial deportivo, de la regularidad y de cómo se organiza el entrenamiento.
Como orientación, estos perfiles son frecuentes entre corredores de alrededor de 45 años:
Perfil Frecuencia semanal Objetivo habitual Reanudación 2-3 entrenamientos Recuperar la forma y correr sin molestias Corredor regular 3 entrenamientos Mejorar en 5 km y 10 km Confirmado 4 entrenamientos Buscar marcas personales o preparar un medio maratón Experimentado 4-5 entrenamientos Optimizar el rendimiento manteniendo una buena recuperación
La mayoría de las mejoras no llegan porque el cuerpo cambie de repente.
Llegan porque la forma de entrenar también evoluciona.
La experiencia permite cometer muchos menos errores
Hace diez años era frecuente salir a correr siempre al mismo ritmo.
Cada entrenamiento parecía una competición.
Running ¿Por qué algunas personas recuperan una energía que creían perdida desde hacía años?
Hoy muchos corredores saben que esa estrategia termina pasando factura.
Han aprendido a diferenciar los rodajes suaves de las sesiones exigentes.
Entienden cuándo conviene apretar y cuándo es mejor levantar ligeramente el pie.
Esa gestión inteligente de la carga explica gran parte de las mejoras que siguen apareciendo después de los 45.
La recuperación se ha convertido en una prioridad
Uno de los mayores cambios de los últimos años tiene poco que ver con los kilómetros.
Tiene que ver con el descanso.
Muchos corredores duermen mejor, hidratan más durante el verano, respetan los días fáciles y ya no sienten la necesidad de demostrar algo en cada entrenamiento.
Paradójicamente, correr un poco menos deprisa en algunos rodajes permite entrenar mejor en las sesiones importantes.
Y eso acaba generando más progreso.
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Entrenar mejor pesa más que entrenar más
Muchos corredores de 45 años disponen de menos tiempo que cuando eran más jóvenes.
Trabajo, familia y otras responsabilidades obligan a optimizar cada salida.
Eso ha provocado un cambio positivo.
Las sesiones suelen tener un objetivo claro.
Un rodaje para desarrollar la base aeróbica.
Un entrenamiento de calidad.
Una salida más larga durante el fin de semana.
Con tres o cuatro entrenamientos bien construidos es posible seguir mejorando durante muchos años.
El cuerpo también se conoce mucho mejor
La experiencia aporta algo que ningún reloj puede medir.
Conocer las propias sensaciones.
Muchos corredores veteranos detectan enseguida cuándo aparece una fatiga poco habitual.
Reconocen los primeros signos de sobrecarga.
Aprenden a modificar un entrenamiento antes de que aparezca una lesión.
Y esa continuidad vale muchísimo.
Porque el mayor enemigo del progreso rara vez es la edad.
Suelen ser las interrupciones constantes provocadas por molestias o exceso de carga.
Hoy existen muchas más herramientas para progresar
Hace una década la mayoría de los corredores entrenaban casi únicamente por sensaciones.
Actualmente es mucho más sencillo controlar la intensidad.
Los relojes deportivos ayudan a seguir la evolución del ritmo, la frecuencia cardíaca o la carga de entrenamiento.
Pero lo más importante no son los datos.
Running Dos corredores entrenan tres veces por semana… ¿quién mejorará más dentro de seis meses?
Es la forma de utilizarlos.
Muchos corredores de 45 años han aprendido a interpretar la información sin obsesionarse con cada número.
Saben cuándo conviene descansar.
Cuándo aumentar ligeramente el volumen.
Y cuándo mantener simplemente la regularidad.
La fuerza también marca la diferencia
Otro cambio importante es la incorporación del trabajo de fuerza.
Hace años muchos corredores apenas lo consideraban necesario.
Hoy forma parte de la rutina de un número creciente de aficionados.
Un tronco más estable.
Una musculatura más fuerte.
Una mejor postura cuando aparece el cansancio.
Todo ello ayuda a correr con mayor eficiencia y a reducir el riesgo de lesión.
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El verano también enseña a correr con inteligencia
Durante los meses más calurosos muchos corredores descubren una lección importante.
Intentar mantener los mismos ritmos de primavera casi nunca funciona.
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Los que siguen progresando suelen adaptar el entrenamiento.
Corren más temprano o al anochecer.
Aceptan reducir ligeramente el ritmo cuando hace mucho calor.
Prestan más atención a la hidratación.
Y llegan a septiembre con mucha más energía que quienes intentan entrenar siempre igual.
La motivación también ha cambiado
A los 45 años muchos corredores ya no salen a entrenar para compararse con los demás.
Corren para sentirse mejor.
Para mantenerse activos.
Para controlar el estrés.
Para seguir disfrutando del deporte.
Esa presión mucho menor favorece una progresión más constante.
Cuando desaparece la necesidad de demostrar continuamente el propio nivel, resulta mucho más fácil entrenar con paciencia.
Y la paciencia sigue siendo una de las mejores aliadas del rendimiento.
Cumplir 45 años ya no significa dejar de progresar
Cada temporada aparecen miles de corredores que desmontan ese viejo mito.
No mejoran porque desafíen la edad.
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Mejoran porque entrenan con más sentido común que hace diez años.
Recuperan mejor.
Gestionan mejor la carga.
Escuchan más al cuerpo.
Y aprovechan una experiencia que antes todavía no tenían.
En muchos casos, esa combinación resulta mucho más valiosa que intentar añadir un entrenamiento extra o correr siempre unos segundos más rápido.
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