Empezar a correr en pleno verano suele ser mejor idea de lo que muchos principiantes creen

Es una escena que se repite cada año.

Una persona pasea por el paseo marítimo al atardecer. Ve corredores de todas las edades disfrutando de una temperatura más agradable. Algunos entrenan en grupo. Otros avanzan solos con auriculares. Y aparece un pensamiento que lleva tiempo rondando por la cabeza:

«Quizá debería empezar a correr.»

Sin embargo, la duda llega inmediatamente después.

«¿Pero en verano? ¿Con este calor? ¿No sería mejor esperar a septiembre?»

La respuesta suele sorprender a muchos principiantes.

En realidad, el verano puede ser una excelente época para empezar a correr, siempre que se haga con sentido común y sin intentar avanzar demasiado rápido.

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Lo que muchos principiantes imaginan… y lo que realmente ocurre

Cuando alguien piensa en empezar a correr durante julio o agosto suele imaginar algo parecido a esto:

  • calor insoportable;
  • agotamiento inmediato;
  • falta de aire constante;
  • sesiones imposibles de completar.

La realidad suele ser mucho menos dramática.

De hecho, la mayoría de los principiantes no fracasan por culpa del calor.

Fracasan porque intentan correr demasiado rápido desde el primer día.

La ventaja que ofrece el verano

Existe un factor muy favorable durante esta época del año.

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La disponibilidad.

Muchas personas disponen de más tiempo.

Los horarios suelen ser más flexibles.

Hay menos prisas.

Y eso facilita algo fundamental para cualquier principiante: crear una rutina.

Porque el verdadero desafío al empezar no consiste en correr rápido.

Consiste en convertir la actividad física en un hábito.

Y para eso el verano puede ser un aliado excelente.

El nivel inicial importa menos de lo que parece

Una de las principales barreras psicológicas aparece antes incluso de empezar.

Muchas personas creen que necesitan estar mínimamente en forma para comenzar a correr.

Pero precisamente se empieza para mejorar la forma física.

No después.

La mayoría de los nuevos corredores se encuentran en alguno de estos perfiles:

PerfilPunto de partida habitual
SedentarioCamina poco y no practica deporte
Activo ocasionalCamina con frecuencia pero no corre
Deportista irregularHace ejercicio de forma esporádica
Activo habitualPractica otros deportes regularmente

Todos ellos pueden comenzar en verano.

La diferencia está en la progresión.

No en la fecha del calendario.

El error más frecuente de los principiantes

Curiosamente, el calor no suele ser el principal problema.

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La impaciencia sí.

Muchas personas intentan correr de forma continua desde la primera sesión.

Y cuando aparecen las dificultades, concluyen que correr no es para ellas.

La adaptación necesita tiempo.

El cuerpo debe acostumbrarse progresivamente al impacto, al esfuerzo cardiovascular y a los movimientos específicos de la carrera.

Por eso las alternancias entre caminar y correr suelen funcionar tan bien.

Permiten construir resistencia sin generar una fatiga excesiva.

El calor exige inteligencia, no miedo

Eso sí, el verano requiere ciertas precauciones.

No porque correr sea peligroso.

Sino porque las condiciones son diferentes.

Algunas recomendaciones básicas marcan una gran diferencia:

  • evitar las horas centrales del día;
  • priorizar primeras horas de la mañana o el final de la tarde;
  • hidratarse correctamente;
  • reducir expectativas de ritmo;
  • escuchar las sensaciones.

Muchos principiantes descubren que correr a las 21:00 en una tarde de julio resulta mucho más agradable de lo que imaginaban.

No hay que perseguir ritmos

Otro error habitual consiste en obsesionarse con la velocidad.

Las redes sociales y los relojes deportivos han hecho creer a mucha gente que correr consiste en alcanzar determinados ritmos.

Para un principiante, la prioridad es otra.

Moverse.

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Ser constante.

Construir una base física.

Durante las primeras semanas, poder mantener una conversación mientras se corre suele ser una referencia mucho más útil que cualquier dato del reloj.

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El verano también ayuda a perder el miedo

Existe una ventaja menos visible.

Las vacaciones suelen generar un estado mental diferente.

Hay menos presión.

Menos exigencias.

Más tiempo para experimentar.

Y eso favorece que muchas personas se atrevan a empezar.

De hecho, numerosos corredores que hoy completan medias maratones o maratones comenzaron precisamente durante unas vacaciones de verano con pequeñas salidas de veinte o treinta minutos.

Sin objetivos ambiciosos.

Simplemente por probar.

Las primeras mejoras llegan muy rápido

Una de las razones por las que correr resulta tan gratificante para los principiantes es que las adaptaciones iniciales suelen aparecer relativamente deprisa.

En pocas semanas es habitual notar:

  • mejor capacidad respiratoria;
  • más energía diaria;
  • mayor confianza física;
  • mejor estado de ánimo;
  • sensación de ligereza al moverse.

Estas mejoras suelen llegar antes incluso de que aparezcan grandes cambios en la báscula o en el rendimiento.

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Y son una fuente de motivación muy poderosa.

Lo importante no es julio, sino septiembre

Muchas personas retrasan el inicio hasta septiembre pensando que será un momento más adecuado.

Sin embargo, existe una pregunta interesante.

Si empiezas ahora, ¿cómo te sentirás dentro de dos meses?

Probablemente llegarás a septiembre con una base ya construida.

Con más confianza.

Con más experiencia.

Y con un hábito que ya empieza a consolidarse.

En cambio, esperar puede significar volver a empezar desde cero cuando regrese la rutina.

Empezar despacio suele ser la mejor estrategia

La clave no consiste en demostrar nada.

Ni en acumular kilómetros.

Ni en copiar lo que hacen corredores experimentados.

La verdadera victoria para un principiante consiste en llegar al final del verano disfrutando de correr y queriendo continuar.

Eso suele lograrse con objetivos sencillos:

caminar y correr,

avanzar poco a poco,

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respetar la recuperación,

y mantener la regularidad.

Porque cuando se construye una buena base, los progresos llegan solos.

El verano puede ser un gran punto de partida

Aunque muchas personas piensen lo contrario, julio y agosto pueden ser un momento excelente para iniciarse en el running.

No porque el calor facilite las cosas.

Sino porque las circunstancias suelen permitir crear hábitos con más facilidad.

Con paciencia, horarios adecuados y expectativas realistas, empezar a correr en verano puede convertirse en una de las mejores decisiones para llegar a otoño con más energía, mejor forma física y una relación mucho más positiva con el deporte.

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